ENERO NO ES EMPEZAR:

ES SOLTAR LO QUE YA NO PUEDE SEGUIR

Enero llega con una exigencia silenciosa: empezar.
Empezar de nuevo, con energía, con ganas, con propósitos claros.
Pero hay muchas personas que, al llegar enero, no sienten impulso… sienten cansancio.
Un cansancio que no es solo físico.
Un cansancio más profundo, más antiguo, más difícil de explicar.

Y no hay nada malo en ello.

Enero no es un comienzo limpio.
Es un mes de transición.
Un espacio donde el alma todavía está recogiendo lo vivido, integrando lo sentido, soltando lo que no pudo soltar antes.

El error de querer empezar sin cerrar

Vivimos en una cultura que empuja hacia adelante sin mirar atrás.
Que confunde avance con velocidad.
Que llama pereza a lo que en realidad es proceso interno.

Pero el cuerpo y el alma no funcionan por calendario.
Funcionan por ciclos.

Cuando no se ha cerrado un año por dentro —emocionalmente, vincularmente, energéticamente— enero no puede ser un inicio real.
Se convierte en una repetición.
En un esfuerzo.
En una exigencia más.

Muchas personas llegan a enero arrastrando duelos no reconocidos, relaciones que no se ordenaron, decisiones postergadas, límites no puestos, emociones sostenidas para poder seguir funcionando.
Y el alma, sencillamente, no quiere empezar así.

La tristeza de enero no siempre es tristeza

Hay una sensación muy común en este mes que suele malinterpretarse.
Se le llama bajón, apatía, falta de motivación.
Pero muchas veces no es eso.

Es integración.

Es el sistema interno diciendo:
antes de avanzar, necesito entender qué pasó.
antes de construir algo nuevo, necesito soltar lo viejo.
antes de ilusionarme, necesito descansar.

Desde una mirada más profunda, enero es un mes de digestión emocional.
Y cuando no se le permite ese espacio, el cuerpo y el ánimo responden con resistencia.

Cuando el alma no quiere propósitos

No todas las almas están hechas para empezar el año con listas y objetivos.
Algunas necesitan silencio.
Otras necesitan orden interno.
Otras, simplemente, tiempo.

Forzar el inicio puede generar más desconexión que avance.
Porque los verdaderos cambios no nacen del empuje, sino de la comprensión.

A veces, el mayor acto de conciencia en enero no es hacer más, sino hacer menos y mirar más.

Preguntarse, con honestidad:
¿qué estoy sosteniendo que ya no me corresponde?
¿qué no quiero repetir este año, aunque siempre lo haya hecho?
¿qué parte de mí necesita descanso antes de movimiento?

Estas preguntas no aceleran,
pero ordenan.

Soltar también es un movimiento

Hay una idea equivocada de que soltar es quedarse quieto.
Pero soltar es un acto profundo de valentía.

Soltar expectativas.
Soltar personajes.
Soltar lealtades invisibles.
Soltar cargas que vienen de lejos.

Enero es un buen momento para esto, no porque el año empiece, sino porque el ruido baja y el alma se escucha más clara.

No se trata de empezar bien el año.
Se trata de no seguir viviendo igual.

Un inicio más verdadero

Tal vez el verdadero comienzo no esté en enero.
Tal vez llegue en febrero, en marzo, o cuando algo dentro haga clic.

Y eso también está bien.

Cuando el inicio nace desde dentro, no necesita prisa.
Tiene raíz.
Tiene coherencia.
Tiene sentido.

Enero no viene a empujarnos.
Viene a preguntarnos qué ya no puede seguir.

Y cuando una persona se atreve a responder con honestidad,
sin exigirse entusiasmo,
sin compararse,
sin violencia interna…

Ahí sí.
Ahí empieza algo nuevo.
No porque el calendario lo diga,
sino porque el alma ya está lista.

 

Texto original de Tere Valero.
Si te resuena, puedes compartirlo citando la fuente: terevalero.es.